Orlando de Lasus dirigiendo

El poder de una canción:
LLEIDA IAN NABOURIAN
Los ejércitos marchan victoriosos, y en su subconsciente colectivo navega la idea de imponer por la fuerza un ideal que pone a su patria por encima de la tierra que sus botas pisan. Perdido entre el pelotón, algún que otro soldado, siempre los menos, siente remordimientos por mancillar el honor de una tierra que bien podría ser la de alguno de sus ancestros. Mientras, en el interior de alguna taberna, entre humos, alguien aviva el fuego de la libertad atreviéndose a cantar una vieja canción sentimental. Siempre es la misma vieja canción prohibida, maldita por vieja y arraigada. Las notas lastimeras se confunden con el ruido de las botas contra la calzada, pero éstas no pueden acallar el grito de libertad que ya ha prendido en el corazón de todas las mujeres y hombres que moran en esa desvencijada taberna. Poco a poco, muchos otros moradores de otras tabernas van aunando su lastimera voz extendiéndose lentamente por toda la tierra ocupada. Ahora las botas saben que no podrán acallar la verdad y que más temprano que tarde dejarán de sentirse sus insolentes pisadas. Es ese el instante exacto en que el invasor duda por primera vez de su ideal, y la palabra cantada comienza a vencer a la fuerza de las armas.
Bien entrada la noche, cada una de esas almas que a primera hora estaban vencidas, volverán hacia sus casas con la moral como arma y el ansia de libertad como munición. Ha nacido la revolución de la verdad, la misma que los llevará hacia la libertad. Ellos aun no son conscientes de ello pero en su interior mora la semilla de la resistencia. Los invasores subestiman a sus súbditos, e ignoran que es infinitamente mayor el poder de la resistencia que el de la lucha. No saben que a los guerrilleros les sigue en la retaguardia un sin fin de resistentes que portan la razón como única arma. Pero ¿Cuándo los soberbios han creído que la razón constituye un peligro?
Mientras la noche cae y las últimas tropas se retiran a sus cuarteles, algún que otro soldado, ahora cada vez los más, se preguntan qué están haciendo lejos de sus hogares. Sus pensamientos están con los que se han quedado en casa, piensan en sus novias, hermanas y madres y en qué harían ellos si el azar hubiera querido que fuera su tierra la usurpada. Otra vez la nostalgia se apoderará de sus almas, ellos que fueron aquellos jóvenes que enarbolaban la bandera de una falsa libertad. Entonces mirarán a sus corazones y verán que no son tan diferentes de ese viejo enjuto que cantaba en la taberna del pueblo, y desearán unirse a su canto de libertad, aquel que los devolverá a casa de nuevo. Por fin la semilla de la razón se ha hecho un lugar en el corazón del invasor y en la próxima primavera germinará dando lugar a millares de flores que nacidas del odio ondearán en el cañón de cada fusil, mientras las tropas vuelven a sus hogares, cantando junto al pueblo antes subyugado esa vieja canción libertaria, y juntos demostrarán el poder de una canción.
UNA ROSA
Una rosa, només una.
Va ser la rosa dels tres dies
o dels cinc...
Si fos més bona en matemàtiques
potser podria esgarrapar
algun múltiple algorisme
si em referís als jorns viscuts...
Però de rosa només una
entre modesta i humil,
sense espiga,
poc comercial,
potser sobrera:
La Rosa.
Rosa de festa
de diada: recòndita, amagada
d’incògnit subversiu,
aterradora i aterrida
com els meus passos desitjats
d’aquells dies,
d’aquells temps.
Va tenir un final solemne
Va guarnir un altar condicional
d’arrel catalanista.
Allà anònima,
com un recurs per a pal·liar
tota aquella por: meva i vostra
d’aquells dies...
Una rosa, una sola rosa
per tot l’amor i la vida que havia donat...
CXTA
Diada de la Verge de Montserrat: 27/04/2006 12:14:28
(Història d’una rosa de Sant Jordi i d’un altar on va ser dipositada cap a l’any 76 del passat segle).
UNA ROSA
Una rosa, sólo una.
Fue la rosa de los tres días
o puede que de cinco...
Si fuese más buena en matemáticas
tal vez podría arañar
algún múltiple algoritmo
referido a los días vividos...
Pero de rosa sólo una
entre modesta y humilde
sin espiga
poco comercial,
¿sobrante acaso?
La Rosa.
Rosa de ‘diada’ festiva
recóndita, escondida
furtivamente subversiva
aterradora y aterida
como el deseo de mis pasos
de aquellos días
de aquellos tiempos.
Rosa. Tuviste un final solemne.
Adornaste un altar condicional
de raíz catalanista
allá, casi sin mostrarte
como un recurso para paliar
todo aquel temor: mío y vuestro
de aquellos días...
Una rosa, una sola rosa
por todo el amor y la vida que había dado...
AUTUMNAL
Per a l’Ian Navourian perquè em respongui, si ell vol, en català i en clau poètica.
Per la Cristina Catarecha, per si també s’anima amb l’ànima de la poesia (no dono pressa ni dates...)
Vénen a mi els altres espais
novençans
i jo els rebo disciplentment
més enllà d’agrair l’oblació.
Miro cap endins
cap als camps
- que si no erms -,
sí, llaurats pel dolor
sense que espletin
en fruits ara...
Les fons hi són
i l’aigua no és tèrbola
però no es veu
entre boires i ramatges secs
Prenc l’ànima dels ulls
com un camí
fins el verb de la saviesa
que em permet llegir
altres filtres de temença.
Vivaldi m’anima ben a prop,
més ençà dels segles
amb llurs fosques contradiccions
però amb la deu de la bellesa intacta
que m’arriba
sense pressupost comercial
ni cap de les seves mesquineses.
La tardor ara es més callada
vibrant.
I només em cal capgirar
el rellotge del temps;
més tard,
en ses sorres
tot serà nou
entre espais que foragitaran
tossuts,
qualsevol tenebra.
CXTA.- DISABTE, 14/10/2006, 11:45:59