AQÜEDUCTE
Homenatge al meu pare.
Per a tots els amics i amigues antics i novells,
amb ganes de compartir afecte i plenitud,
mentre fem passos
entre les hores d’inici i fi de mil·lenni…
La vida,
- si fas l’obligat pas
de mirar enrere
i alhora un recompte
de tots els instants -,
trobes que és com bastir
un aqüeducte entre les hores.
D’antuvi, has hagut de ser capaç
de baixar els esglaons
de totes les diverses textures del goig
i del dolor,
aprendre a barrar el pas
a les hores de rancúnia,
i adesiara,
fer la recerca
de tots els partions,
o cel.lules
o alenades
de bonesa i d’integralitat
que serves encara...
La vida,
dins les seves hores
també pot ser,
l’inventari de nous paranys
per esfondrar-hi l’angoixa.
i el bleeix cansat
d’obrir les lleres fluvials
a corrents
implícitament nous
o potser més antics que la mateixa vida,
que t’esguardaven
allí a frec dels teus ulls
i dels teus sentits
des del llindar de la història.
Hores llargues,
potser inacabables
en les que se t’han liquat els ulls
i malgrat el capteniment,
se n’han esdevingut
sorra salobre pels durs corriols,
on conquilles oblidades
et recitaven
autèntiques remors perdudes
dins l’enyor.
Hores, amb nous passos,
vells replecs llaurats
per torrenteres mai calmades,
amb el ressò de l’esforç
per aprendre a ser autèntica
en mig de tantes sinuositats
de la memòria de viure,
en que esmaperduda
allà presonera del passat
o d’un futur que et glaçava,
has esperat pacientment
amb les mans obertes
l’alba de les hores
per a conciliar
poc a poc, els contraforts
del mil·lenari pas de les aigües,
demble obligat i drecera,
per a recompondre la vida
Nadal del primer fi de mil·leni.- 1999
RENACIMIENTO
RENACIMIENTO: Thomas Tallis
Quomodo sedet sola civitas plena populo.
Facta est quasi vidua domina gentium: princeps provinciarum facta est sub tributo.
De: “Las lamentaciones de Jeremías”.
¡Cuán solitaria está la ciudad antes llena de gente!
La dueña de las naciones es ahora como una viuda; la princesa de las provincias es sometida a tributo.
Inicio: Aleph.
Primera letra del alfabeto hebreo.
Inicia sus sones el contrapunto renacentista.
Todo en uno:
volver a encontrar
extraer, hallar, redescubrir,
entre los milenios de la historia
transferida a la sangre…
Sangre, en las impolutas camisas de lino
de los servidores de la reina Margot
derramada por el poder llano de la fuerza
conferido ardientemente y en silencio
desde el callado grito
de la tierra permanente y concreta
y el oculto poder, tierno y violento de los sentidos,
del grito del SER
Ahora, en este instante musical:
contraposición entre el altus y el tenor
Todas las voces contrapuntísticamente
imitando, las raíces de la historia:
arrebato místico de la cristiandad
que se debate
entre aquello brutalmente conocido
y el desesperado sueño o afán:
el poder del feudo,
el contrapoder,
la respuesta airada,
la herida de los sueños,
un lugar propio en la historia
tallado en la piel,
computando a la humanidad
en ábaco individual.
Contrapunto:
vida a vida, marcadas, una a una
indistintamente a fuego
en las profundidades
del conocimiento y la memoria:
feroz pasión por hallar los hitos vividos
y descubrir el holograma minúsculo del yo,
del individuo…
sobresaliente, perteneciente
a aquella, esta humanidad doliente
ojalá ahora también renacentista,
rebelde
donde las razones se entrecruzaban
con las vidas,
con el reto
con los espacios del nuevo mundo
que ahora sólo puede ser interior
Serenamente yo,
ejerzo la composición de mi propio contrapunto
dentro de los sonidos renacentistas de Tallis:
ambiguo, valiente, convencido de su fe
y de los sones sutiles, antiguos del latín
en ricercada:
reencuentro,
recerca…, en mi verdadera lengua.
Aquí y ahora
buscando espacios de verdadera razón
entre la confusión y el dolor de mi vida
de la que quiero entrelazar, también,
sus diferentes espacios armónicos,
diferentes y unidos con otras vidas,
para ejercer el derecho de mi destino
creo, que como muchos,
meramente inconexo, y/o incompleto.
GIROLAMO FRESCOBALDI
GIROLAMO FRESCOBALDI
Desde mis espacios ahondo los pasos
en caminos estudiados de melancolía.
Me asomo a las puertas de arcanos libros
donde resplandecen vivos
los tatuajes de la historia.
Centellean como agua de cascadas palaciegas
en juego igualitario con la barroca armonía
en el tiempo en el que morían los luÏses en Francia,
cuando durante días lóbregos
y noches sin luna
atravesaban los jardines penosamente
en el momento que su espectro
cabalgaba junto a jirones de su alma,
prendida sobre el lado oscuro de los siglos
Morían los luÏses en Versalles
y Frescobaldi obedientemente,
siguiendo su tradición musical,
aleccionaba e impartía mensuras
y teoremas armónicos para los músicos reales
que desplegaban sus sones
entre capillas llenas de damascos, rasos
y pecados prendidos en el aire viciado
entre el frufrú
de las sedas orientales de las concubinas.
Vigilaba expectante los sones obligados
de Couperin y la memoria de los griegos,
conservada en ardientes manuscritos árabes
guardados con celo
entre los entresijos de las salmodias
de su noble e inamovible religión.
Entre los comienzos del alba
y el fuego de la malvasía,
los músicos reales escribían pacientemente
ahogando el temor de que los relegaran
de su servil poder por un simple capricho real,
entre la nada de velados pasadizos de Versalles
reflejando en los opacos cristales
la misma negrura de su pueblo
entre hambre y azotes.
Frescobaldi, entonces
ponía sus dedos en el clavecín,
a sus pájaros y a sus notas
con la precisión barroca
que fueron capaces de salvar
del loco renacimiento italiano
y sus muertes manchadas de sangre y de terror
Ellos, celadamente,
retomaron su poder y aguardaron su hora.
mientras el pensamiento se escondía
entre manuales sagrados,
o bien, oculto en libros de Las Horas
mientras la música contada y medida,
cabalgaba a lomos del corcel de los sentidos
y daba forma a las vírgenes
trastornando sus vestiduras
en remolinos castos,
con extrañas flores fantasmales
entretejidas en platas de lunas ácratas
y ángeles sensuales
que daban un aire ambiguo
en su vuelo irreal
entre los cúmulo- nimbos de los cielos,
de los mártires descuartizados
y de las santas visionarias,
en éxtasis…